Tres consejos para sobrevivir al primer empleo

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Aceptémoslo: los primeros trabajos parecen haber sido creados para aplastar el ego con el que salimos de la universidad. En un abrir y cerrar de ojos, dejas de ser el más grande y experto de la carrera, para convertirte el nuevón de la oficina. Esta etapa de la vida parece tener tres premisas constantes:

1) Encontrar trabajo en lo que uno quiere, sin experiencia y con las solas ganas, es un verdadero rollo.
2) Encontrar un pago digno, una utopía.
3) Encontrar un jefe que no se sobrepase poniendo funciones extracurriculares tipo -Tráigame un café, pelao- es, definitivamente, un privilegio de pocos.

A la situación se le suman ese montón de temas contractuales, que en ninguna materia se vieron y que, de repente, inundan las pobres arcas del nuevo egresado con sus descuentos feroces. ¿Cómo sobrevivir a esta racha de trabajos regulares, sueldos mínimos y gallitos de contratación, sin sacrificar el amor por el oficio? La respuesta, aquí.

1) Aunque parezca eterno, no hay mal trabajo que dure 100 años

No importa qué tan difícil o negrero que es el primer trabajo. Hoy, la gente cambia de trabajo sin tanto rollo: los puestos no son para aferrarse hasta la vejez. Así las cosas, de cada uno depende alargar o hacer más corta la estadía en un mal puesto. Lo mejor que puedes hacer, si estás en esa situación, es afilar el perfil de tu hoja de vida, enviar un número consistente de estas al día y, en tus ratos libres, no está demás meterse con proyectos relacionados con tu carrera, aunque sea de voluntario: tal vez no te generen una gran rentabilidad, pero te pueden aportar experiencia.

2) Optimiza tus recursos

Es cierto, los primeros sueldos casi nunca son lo mejor. Pero, como dicen las abuelas, hay gente que con menos, ha logrado mucho más (No, no estamos hablando de Forrest Gump, aunque también aplica).

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¡Los números son tus amigos! Aprende a manejar tu sueldo de una forma organizada. Arma un presupuesto (en este link, te enseñamos cómo), asiste a eventos, exposiciones y conciertos gratuitos. Amárrate. Tus ingresos, muchos, pocos o paupérrimos, te tienen que llevar a donde quieres llegar. Ahora bien, si tu intención es estirar tu sueldo para que llegue a fin de mes, una buena opción es utilizar Nequi como cuenta de nómina. Tener una plataforma en la que puedes sacar, enviar, o guardar plata sin que cada movimiento implique una comisión (¡sí! es gratis…), puede ser de gran ayuda, sobre todo en esos momentos en los que cada peso hace la diferencia*.

3) Conoce el mar en el que navegas.

Cada gremio es un pequeño océano. En él navegan los grandes peces (que se lo tragan uno sin masticar), los no tan grandes (el típico caballito de mar que se cree león marino) y los de verdad pequeños (ya te habrás dado cuenta de que aquí estás tú). Si quieres aprender a navegar en las corrientes de ese vasto mar que es tu gremio, haz una lista que incluya profesores (solo los chéveres), compañeros de estudio y trabajo y todo aquel que te pueda ayudar a conseguir mejores proyectos para tu carrera. Socializa con ellos, una pola no está mal. Entre más amplia sea tu red de contactos, más posibilidades tienes de que te pesque un buen bote.

Por último, paciencia y persistencia. En dos años hablarás de los tiempos en los que también te tocó ese “trabajo harto” de recién egresado. Con la diez puesta, los mejores tiempos seguro llegarán.

*Las cuentas Nequi permiten un saldo de hasta ($5.515.632) y movimientos hacia afuera de la cuenta de hasta $1.930.470 por mes lo cual es perfecto para tu sueldo de pez pequeño.

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