¿Tener más ratos libres en tu agenda de trabajo? ¡Soñar no cuesta nada!

¿El fin de semana te agarra camellando, mientras tus amigos y familia disfrutan la vida, el tiempo libre y el mundo, palabras que parecen haber sido extrañas para ti? ¿Trabajas desde que sale el Sol y descansas poquito y mal? Es hora de empezar a organizar mejor tu tiempo para abrir  espacios en tu apretada agenda y que puedas descansar y parchar con l@s tuy@s.

En esta entrada te dejaremos unos tips para lograrlo.

  1. Arranca temprano:
    Para tener un día productivo, lo mejor es comenzar con el pie derecho. Si quieres tiempo suficiente para para cumplir tus tareas, arranca temprano. Eso sí: no sacrifiques tu espacio personal por iniciar a esa hora. Desayuna, haz deporte y entonces sí, empieza a camellar. Entre más temprano empieces, más temprano quedarás libre.

  2. Encuentra tu ritmo:
    Probablemente el punto #1 te haya aterrorizado. Si eres de los que prefiere madrugar menos, porque es tu forma de tener un tiempo para ti, y tu trabajo o estudio te lo permite, arranca más tarde entonces. Lo importante es que encuentres un ritmo de trabajo: una hora a la que arrancas a camellar y una hora de cierre. Y que seas muy respetuoso de ese ritmo, para que la vida no se te vuelva un huracán de pendientes.

  3. Planea:
    Aunque parezca una pérdida de tiempo, utilizar una hora al principio de la semana o 15 minutos cada día para planear tu día y tus tareas, te ayudará a ponerte unas metas y a entender qué alcanzas a hacer y qué no.

  4. Multitask pero no tanto:
    Vivimos en una época que algunos llaman Multitask o de las multitareas (el concepto en español parece como una mala traducción de alguna película taquillera, tipo El Bromas :)). Se nos pide que sepamos sobre muchas cosas y que podamos hacer varias tareas al tiempo en nuestros trabajos. Pero hay una delgada línea donde el multitasking se convierte en desorden: es cuando no puedes terminar una tarea sencilla por estar pendiente de otras. Divide tus tareas del día en pequeñas tareas y atácalas una por una. Así saldrá todo más rápido y con mejor concentración.

  5. Relaja el pony:
    Así como hay quienes encuentran un ritmo de trabajo personal (empezar a trabajar tarde y terminar tarde también), es importante encontrarle un ritmo a tus descansos. Por ejemplo, puedes hacer sesiones de alta concentración durante 45 minutos y luego, una pausa de 15 minutos en la que vas por un café. O puedes parar media hora cada dos horas. Intenta varios caminos hasta encontrar el tuyo. Pero por ningún motivo dejes de descansar y hacer tu pausa activa. No eres una máquina. Y si lo fueras, debes saber que incluso ellas se sobrecargan cuando se les rebasa su potencia.

  6. Trabaja en lo importante:
    La productividad es encontrar un equilibrio entre las tareas urgentes del día (por ejemplo, las que necesitas entregar de hoy y para hoy) y las importantes (por ejemplo, solucionar problemas estructurales de tu trabajo para que todo fluya mejor en el día a día). En un mundo de tareas urgentes, no permitas que los afanes te hagan olvidar de las cosas importantes. Necesitas avanzar en esas dos clases de tareas para que tu trabajo no se convierta en un desorden.

  7. Delega (si puedes):
    No puedes hacerlo todo sol@. Lo que hagas en tu trabajo siempre tendrá un impacto. Pero lo que hagas en equipo, tendrá un impacto mayor. Aprende a delegar para estar menos cargado y que tus proyectos crezcan.

  8. Abre horarios sagrados de descanso:  
    Ahora sí, sabiendo que tienes días productivos y organizados, abre horarios de descanso en los que no contestarás mensajes de trabajo, ni verás nada relacionado con tu camello. Esos horarios para descansar son también tu paga por tener día productivo. Durante esos horarios, deja en tu WhatsApp el aviso de que no estás disponible. Pon tu celu boca abajo y en silencio.

  9. Cuando tengas ansiedad:
    Recuerda que el trabajo nunca termina. Y que cuando no estés en el cargo y empresa en la que ahora estás, alguien más lo hará por ti. Por eso es importante que aprendas a hacer mucho cada día, en poco tiempo, y que sepas cuándo apagar el bombillo laboral. Que no se te pase la vida solucionando chicharrones y postergando tu propio derecho a vivir.
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