Cuida tus ahorros de estos terrores

Por fin llegó el 31 de octubre, fecha que todos sin excepción conocemos por ser… ¡El día del ahorro!

– ¿Es en serio?
– Sí. El día del ahorro es el mismo de Halloween.

A algún entusiasta y experto de las finanzas personales debió ocurrírsele un día que podía inventarse un día del ahorro en una de las celebraciones mundiales más famosas… ¡y que iba a ser un éxito!

Pero no importa: aquí estamos para construir sobre lo construido. 😉 Como es Halloween y al tiempo es el día del ahorro, entonces te contaremos tres historias de terror para tus bolsillos.

Pon Thriller, de Michael Jackson, apaga la luz y acompáñanos a leer estas aterradoras historias de plata.

 

Ant-OJO

Cada 31 de octubre, Camila se disfraza: es experta en escoger los que ganan concursos. Este año, pese a la pandemia, no iba a ser la excepción. Camila decidió comprar algo que fuera increíble para una fiesta de Halloween a la que va por Zoom.

Por todas las restricciones que existen para salir, Camila decidió comprar en línea. Encontró un disfraz costosísimo, traído de otro país y sin pensarlo, le aplicó un tarjetazo a 36 cuotas con el cupo que le quedaba. De pura antojada decidió comprarse unos accesorios adicionales. Luego vio que la tienda hacía parte de un conglomerado de ropa en línea y aprovechó para pedir otras cositas. –Es que la página estaba increíble–.

Pero el traje no llegó. Algo falló en la importación. El 30 de octubre le dijeron por la página que su pedido llegaría el 2 de noviembre. La reclamación era larguísima y la devolución de la plata era en puntos para comprar otra cosa.

Lo que Camila no sabía era que estaba siendo influenciada por Ant-OJO: una monstruosidad que hace que te obsesiones y compres como si no hubiera mañana. Ant-OJO fue desarrollado en el laboratorio de una cadena de centros comerciales para que compres sin pensar mucho…

Influenciada por Ant-OJO, Camila compró otro disfraz rápido y con lo que le quedaba del sueldo. Sacó la plata de su presupuesto para hacer mercado. 🙁 La siguiente semana la pasó a punta de arroz. Consciente de que solo le quedaba disfrutar de su noche de Halloween, Camila se arregló y se metió al Zoom, pero… ¡varias amigas tenían el mismo disfraz!

¿Cómo combatir a Ant-OJO? Si te sientes muy tentado a gastar, abre un Colchón en Nequi y deja ahí esa platica sagrada que no debes mecatearte en cositas.

 

Culhebras

A Camilo le llegó su primera tarjeta de crédito. Se la regaló su papá para que se fuera relacionando con el mundo de los préstamos. Ninguno de sus amigos tenía una y eso lo hacía sentir especial. Más adulto…

La primera compra fue una maravilla. Un control que necesitaba para su consola de videojuegos. Estaba estrenando un juego de zombies y necesitaba un control en buen estado para las largas jornadas que venían.

Camilo no sintió esa compra. La puso a seis cuotas, tendría que pagar muy poco cada mes. Así era muy fácil comprar. Con la tranquilidad de quien no ha pagado lo comprado, se fue atreviendo a pedir en línea otras cositas: ropa y suscripciones. Todo lo ponía a 6, 12, 24, 36 cuotas… para pagar de a poquitos.

Sin quererlo, Camilo estaba bajo el hechizo de Culhebras: una poderosa medusa que te invita a endeudarte y no te deja sentir el peso de lo que compras.

Camilo siguió comprando, hasta que un día se dio cuenta de que toda la plata del mes se iba en pagar. Al no tener ni un peso, empezó a sacar avances de la misma tarjeta de crédito. Su deuda subía y subía… Asustado, dejó de pagar y empezaron las llamadas de los bancos. Presa del pánico, decidió no contestarlas más.

Un día fue su papá el que contestó una de esas llamadas. Le quitó la tarjeta y le dejó de hablar dos meses. Fue una pelea dura. Su papá le dijo que pagaría cada cuota con la plata para el mes.

*A Culhebras la combates con la Tarjeta Nequi: usándola, pagas sin cuotas, en línea y con lo que tienes, no con lo que debes.

 

Bolsirroto

David salió de la fiesta de Halloween a las dos de la madrugada y tomó un taxi a casa. Su última noche en el mundo. Ya no era 31 de octubre sino 1 de noviembre, día de todos los Santos. En lo oscuro de la noche, buscó su billetera. Su disfraz de COVID, hecho por él mismo en casa (fue la sensación de la fiesta), no tenía bolsillos.

–¿Dónde dejé la billetera?–, se preguntó –¡Claro, la empeñé!–. Hacía mucho que no salía a una fiesta. El desenfreno de ver a sus viejos amigos, luego de meses de cuarentena, lo llevó a tomarse hasta el agua del florero. La alegría era contagiosa, como su disfraz. La última botella la pagó con su billetera.

Esa noche, David fue presa fácil de Bolsirroto, la monstruosidad que se apodera de quienes no llevan las cuentas. Gastó y gastó como si no hubiera un mañana.

¿Cómo pagaría el taxi? Vio la cara del taxista y pensó que no era uno de esos tipos que perdonan una deuda tranquilamente… En el siguiente semáforo abrió la puerta del taxi y salió corriendo. El taxista lo persiguió, primero en el carro y luego a pie.

Intentando perdérsele a su verdugo, David se alejó de los postes de luz y optó por atravesar unas cuadras oscuras: tan oscuras, que muy pronto él y su perseguidor se sintieron perdidos… No sabían cómo volver…

– Si tan solo hubiera dejado algo pa’l Taxi.

*A Bolsirroto lo combates con los Bolsillos de Nequi. Separa tu plata para que no gastes de más y lleves la cuenta, incluso cuando te desenfrenas.

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