Sueños vs. Metas: ¿Cómo ponerle acelerador a tus propósitos?

Tienen razón quienes dicen que soñar no cuesta nada más que tiempo. Sueños tenemos todos porque nos mantienen vivos. Eso sí, soñamos todo el tiempo con eso que nos hace falta.

Si no tenemos trabajo, nos imaginamos consiguiendo uno. Si nos falta viajar, nos imaginamos en un aeropuerto, corriendo con una maleta  pa’ alcanzar un avión en el que, por fin  podamos perdemos de aquí…

¿En qué íbamos? Ah, sí…

Decíamos que tienen razón los que dicen que soñar no cuesta nada más que tiempo. También los que nos dicen que hay un trecho largo entre soñar y perseguir los sueños. Pero sobre todo, tienen muchísima razón quienes nos aterrizan al decirnos que el tiempo que invertimos solo en soñar también es un recurso. Y que deberíamos usarlo para ver cómo nos acercamos de una forma real, a eso que queremos. Así sea de a poquitos.

En esta entrada de Metidas de Plata, vamos a mirar las diferencias entre sueños y las metas que se cumplen. Una cosa es un sueño y otra muy diferente, plantearse un objetivo medible. Quienes lo entienden, cumplen lo que sueñan.

 

Empecemos por el sueño:

Generalmente, el sueño nos llega a la cabeza en forma de imagen: nos vemos en otro país, con un carro nuevo, en un cargo más alto o con ese interés amatorio que finalmente nos paró bolas.

No nos preguntamos cómo llegamos ahí. El sueño nos da esa satisfacción casi inmediata de la fantasía. Nuestros sueños no tienen comienzo, no tienen luchas, tiempo, esfuerzos ni método. Simplemente pintamos una imagen.

El problema del sueño es que se acaba y volvemos a una realidad que es distinta y distante de lo que nos imaginábamos. Mal manejado, el sueño nos jode la cabeza porque nos frustra.

Por eso, para que el sueño se vuelva real, hay que convertirlo en una meta. Ahora vamos a aprender a formular metas y a financiarlas, porque es rico soñar, pero es más rico convertir los sueños en algo real.

 

Ahora, veamos las metas…

Bien enfocado, el sueño puede ser como la chispa de arranque de un carro. Si seguimos con el ejemplo, las metas vendrían a ser como los cambios, el acelerador y a veces, pa’ no estrellarnos, el freno.

 

¿Cómo funcionan las metas?

En los años 80, la época del glam, Mario Bross, Volver al Futuro, los peinados raros y el rock con sintetizadores, un empresario llamado George T. Doran desarrolló una sigla para definir las metas.

Esa sigla es SMART, que en inglés significa “inteligente” y en colombiano: avispadito. Según Doran, una meta debe ser:

  •   Specific (específica).
  •   Measurable (medible).
  •   Assignable (asignable, es decir, con alguien que se ponga la diez para sacarla adelante).
  •   Realistic (realista).
  •   Time bound (en un tiempo determinado, con principio y fin).

Hagamos el ejercicio con uno de esos propósitos de año nuevo que se repiten cada año sin cumplirse del todo: viajar.

 

Factor específico: 

¿Qué es para ti tener plata? ¿Cómo de cuánta estamos hablando? ¿Cómo quieres obtenerla?

 

Factor medible: 

Como las cosas no pasan de un momento a otro, a menos de que te ganes “El Baloto”, piensa en: ¿Cuánto tiempo tienes  tus ingresos? Por ejemplo, si te dedicas al comercio ¿En cuánto tienes que aumentar tus ventas cada mes para llegar a la meta de ahorro que quieres?

 

Factor asignable: 

¿Quién está metido en ese proyecto de tener más plata? ¿Tienes panas con l@s cuales camellar en más proyectos? ¿Tú familia o pareja está en ese proyecto? 

¿Quién es el o la doliente: quién responde porque la meta se cumpla? Este punto cobra mucha más importancia cuando hablas de metas conjuntas, pues muchos proyectos implican varias tareas y entre más manos tengas, más rápido se logra.

 

Factor realista: 

¿Puedes conseguir esa cantidad de plata si te lo propones? No medir tus fuerzas o ser demasiado soñador con los cálculos, puede hacer que te frustres por no poder volar tan alto al primera intento. Nuestro consejo: empieza por metas más pequeñas y luego vas subiendo el nivel.

 

Factor tiempo: 

¿En cuánto tiempo quieres lograr esa meta? Si lo quieres todo para ya, puede que te frustres un poco. Pero si lo aplazas mucho, quizás la pereza te gane la partida. Escoger el tiempo adecuado es cuestión de practicar y entender tu ritmo para lograr las cosas.

 

¿Cómo empezar a utilizar estos tips en tu próxima Meta? Abre la tuya en Nequi, para un objetivo específico. En este caso, tú serás el o la doliente, responsable de que tu meta se cumpla. Calcula un ahorro que en verdad puedas lograr. Ahorra a diario, cada semana o cada mes y cuando la cumplas, ¡celebra!

Finalmente, cuando llegues a la meta, mide qué salió bien o mal. Mide qué tipo de cosas inesperadas pasaron y toma nota para la próxima. Las metas se logran con práctica y para alcanzarlas es más importante la constancia. Ánimo pues que ya casi se acaba el año… ¡Otra vez!

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