Y ahora, ¿quién podrá prestarme?..

Con tantos cambios de la economía es imposible no pensar en que, en algún momento, podemos necesitar un préstamo: plata que nos desembale en una temporada de vacas flacas. 

Si nunca has pedido un préstamo, en esta entrada te mostramos lo que puedes hacer para mejorar tu historial en el mundo crediticio.

 

1. Centrales de información: si no estás registrad@, no existes…

Acompáñanos a ver esta triste historia, que si tuviera serie en Netflix, estaría en el top 10 de América Latina. Juana necesita un préstamo para un negocio que está montando. Está segura de que tiene cómo pagarlo. Tiene las cuentas claras. Entonces se decide a pedirlo y ¡pum!, se lo niegan…

 

¿Pe, pe, pero por qué?

Bueno, resulta que Juana nunca ha tenido deudas, lo que puede parecer muy bueno… Pero al no contar con ellas, no tiene una historia en el mundo financiero. Por eso, está registrada en centrales de información, que es donde está toda la info de l@s colombian@s que han hecho un préstamo alguna vez o sacaron en algún momento un crédito en un almacén. 

Sin estos detalles, los bancos no tienen cómo comprobar que es buena o mala paga, que sabe cómo manejar un préstamo. Sí, entendemos que puede dar rabia, pero piensa, con la mano en el corazón: ¿le prestarías plata a alguien del que no conoces nada?

 

Precisamente ese es el papel de las centrales de información: decirles a las entidades financieras si en cada caso particular, pueden prestar o no, cuánto y a qué tiempo. 

Buenas noticias: hay solución para Juana. Lo que ella o tú, si te pasa algo así, deben hacer es tener algunas obligaciones sencillas. Tu plan del cel es una de ellas. Así tendrás una hoja de vida en las centrales de información.

Muchas personas las conocen como centrales de riesgo, pero no las debemos ver con tanto terror… Realmente son de información porque puedes tener reportes positivos y negativos sobre tu comportamiento financiero. Depende de ti cuál de ellos es el que te defina como consumidor. Para que aprendas más de ellas, recuerda porfa esta entrada. 

 

2. Demuestra que tienes con qué pagar

Sí, este punto también puede ser una locura… No tod@s tenemos ingresos estables y nos entra la misma plata cada mes. El mundo laboral ha ido migrando de contratos indefinidos  a contratos por prestación de servicios, con ingresos variables y temporales.

Si este es tu caso, ¡tranqui! Hay cosas que puedes hacer para demostrar tus ingresos. Por ejemplo:

  •   Guarda certificados y soportes de pago de tus trabajos más frecuentes, sobre todo de los proyectos que tienen continuidad.
  •   Si cumples las condiciones, declara renta. Eso le da a las entidades financieras una idea de cuánto ganas al año. Ojo: declarar renta no siempre es igual a pagar más plata. Te dejamos info del tema aquí.

 

3. Paga tus culebras, no importa si parecen inofensivas 

Dice un proverbio que en “En lo poco se ve lo mucho”. Por ejemplo, si invitas a alguien a unas polas y él se toma hasta el agua de las flores, se va sin pagar y se pelea con todo el mundo, ya sabes que no es bueno invitado ni a las novenas de Navidad (si eres ese alguien: recapacita). 

Así funciona con las entidades financieras: si dejaste de pagar el cel o los servicios que están a tu nombre, pues difícilmente te van a prestar para algo más serio. Recuerda, todo queda detallado en las centrales de información.

Si quieres ir más allá, busca una central como Datacrédito y confirma si tienes algún reporte. Pasa mucho que cancelaste el plan de Internet para la casa, pero no entregaste un router, o quedaste debiendo $200 y con el tiempo, te reportan. ¡Mira que estés al día!

 

4. Busca buenas referencias

Para algunos préstamos te piden dos o tres referencias personales. No las escojas con el corazón. Confirma la info de gente que siempre  de ti, tengan un buen historial crediticio y no cambien de opinión si en algún momento discuten.

 

Por último, cuando te aprueben ese préstamo, no se te olvide meterle moral, ser súper responsable y pagarlo a tiempo o incluso antes, si te da… Sé sincer@ contigo y confirma que en realidad lo necesitas y puedes pagarlo. Y si sientes que las deudas amenazan con volverse más grandes que tu capacidad de pago, revisa esta entrada y encuentra algunas respuestas que te orientarán.

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